viernes, 19 de junio de 2015

Mis Tacones

Desde niña siempre me encantaron los tacones, recuerdo que soñaba usar los tacones de mis hermanas, que eran adolescentes; nunca podré olvidar mis primeros tacones, los usé a los 8 años, recuerdo que mi abuela nos hizo a mi hermana y a mi unos hermosos vestidos blancos, en algodón, manga sisa y falda acampanada, muy sencillos pero muy hermosos, y mi mamá nos compró unas sandalias blancas con un pequeño tacón que estuvieron muy de moda ese año. Recuerdo que me sentía grande y hermosa, como una señorita.


La mayoría de las mujeres a las que nos gustan los tacones, comenzamos esta afinidad desde muy chicas; en mi casa no eran muy comunes, ya que mi mamá los usaba muy poco y mis hermanas solo en navidad y cuando iban a alguna fiesta, sin embargo, para mí siempre formaron parte de mi mundo. A los 13 años tuve mis primeros tacones reales, ya que estos si eran más altos y para ese momento sí era una señorita, recuerdo que eran negros de patente y cerrados. Ese año fue muy especial para mí, no solo por mis tacones sino por los muchos cambios que hubo en nuestras vidas. Nos mudamos de casa a un edificio, un lugar donde mis padres todavía hoy viven, teníamos muchas más libertad para compartir con amigos, asistimos a muchas más fiestas y en definitiva fue una etapa muy feliz y estuvo muy marcada por mis tacones, ya que a partir de allí tuve más y más tacones. 
Luego cuando terminé la escuela, y antes de entrar en la universidad comencé a trabajar en un banco y los sucesivos trabajos, para mi felicidad, siempre debí usar tacones; aun embarazada los usaba, ya que no me molestaban para nada, excepto el  últimos mes, más por el riesgo de caerme que por otra cosa

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Con mi bebé muy pequeño, un día tropecé con mis muy altos tacones y caí al piso con él en brazos, aunque caí muy suavemente aunque parezca increíble, y él no se hizo ningún daño, ni siquiera lloró, pero me asusté mucho y decidí bajar de mis tacones un tiempo, sólo el necesario por supuesto.
Hoy continúo usando mis tacones, procuro conseguir tacones más cómodos, sin sacrificar la altura y la belleza, pero que me permitan un poco más de equilibrio y sobre todo, que no afecten mi salud. Espero sinceramente poder usarlos muchos años más.
Y tu? Que tan fanática eres de los tacones? Comparte si tienes alguna historia

lunes, 1 de junio de 2015

Los niños aman dormir con sus padres

Desde que mi hijo comenzó a dormir en su cuarto, por determinación propia, siempre estuve preparada para recibirlo en mi cama en cualquier momento. Recuerdo que escuchaba la puerta de su cuarto en medio del ruido de los aires acondicionados, es una habilidad que despierta desde que tú bebe nace, puedes escuchar aun el sonido más leve.

Recibí muchos consejos cuando mi hijo nació y uno de ellos fue que no era recomendable que los niños compartieran la cama de sus padres; francamente respeto la decisión de cada quien pero mi instinto de madre siempre me ha dicho que el niño pide lo que necesita y yo debo proveérselo.

Antes de nacer, preparamos su cuarto y lo dejamos listo para recibirlo, con la convicción de que dormiría allí, era una pequeña casa y las habitaciones estaban muy cerca, pero cuando nació me fue imposible dejarlo solo y lo pasé para la habitación contigua, abrimos una gran puerta entre ambos cuartos, sin embargo terminé colocando su cuna junto a mi cama, de allí podía observarlo cada vez que yo despertaba durante la noche. Por más de un año compartió nuestra habitación pero no nuestra cama, porque siempre tenía miedo de hacerle daño si me quedaba dormida, era tan pequeño, pero en la medida que fue creciendo lo dormía en mis brazos y como tardaba en dormir, terminaba rindiéndome con él en mi cama.

Cuando cumplió cuatro años nos mudamos a un apartamento mucho más grande, sin embargo, desde el principio me dijo, _ mami, quiero dormir en mi habitación. El hizo de ese lugar, su espacio, su refugio.

Así que desde allí, algunas veces él venía a mi cama en medio de la noche y yo simplemente abría mi cobija para que el entrara y lo abrazaba para que sintiera el calor y la seguridad que venía a buscar.

Aun hoy cuando visita mi cama los fines de semana, después de despertar por la mañana, yo abro mi cobija y lo caliento un poco, se está unos minutos y luego me dice _mami, ya me voy. Algunas veces lo convenzo para que se quede 5 minutos más.

Lo que quiero significar con esto es que, no importa cuánto los mimemos o los acurruquemos, ellos siempre terminarán haciendo su propio equilibrio, buscando su propia independencia que viene con la edad, y determinando su propio espacio, eso no lo podemos evitar.